
Resulta que lo que muchos califican de "veranito fresco" no lo está siendo en absoluto en el ámbito de la enseñanza pública madrileña.
A estas alturas ya todos lo sabemos: aumento de horas de trabajo y reducciones salariales, instrucciones para el inicio del curso que implican recortes en los cupos de profesores y reducciones de plantillas en los centros....medidas, en fin, que deterioran gravemente el sistema de educación pública, cualquier persona con criterio y dos dedos de frente lo sabe.
No solo protestamos por tener que trabajar más, eso ya lo estamos haciendo y además, cobrando menos que antes; protestamos por el retroceso al que asistimos que perjudica de manera flagrante, creo, a los alumnos de la pública, por mucho que los profesores con conciencia nos machaquemos y nos dejemos el pellejo, el tiempo y las energías.
Nuestro trabajo, invisible a los ojos de los necios, claro, es un trabajo duro y sobre todo trascendente, muy trascendente. Es un trabajo, sin embargo, que a pocos parece importar, minusvalorado, incluso despreciado y obviamente desprestigiado. La situación es triste, pero esto es lo que tenemos, a eso conducen las medidas y los recortes económicos que laceran y perjudican nuestra enseñanza, la pública, la de todos, esa a la que cualquier alumno tiene derecho y ante cuyos resultados se rasgan las vestiduras los analistas y los hipócritas.
Decir que el sistema educativo de un país es claro indicador de su desarrollo, es una obviedad y supongo que casi todo el mundo compartirá esa opinión. En
Ab música y más creemos firmemente en la enseñanza pública; en ella trabajamos desde hace ya veinticinco años y en ella, por supuesto, estudian y han estudiado nuestros hijos, que, como tantos otros, han entrado en sus respectivas facultades con la cabeza tan alta como su nivel de formación y como sus notas.
Pero las medidas que se toman parecen ir encaminadas a su deterioro; esa es, al menos, la impresión que nos causan; parece que no interesa una educación de calidad, que no interesa una educación para todos; estamos en el camino hacia una sociedad aborregada e indocta y se nos olvida que, a más ignorancia más fácil manipulación.
En fin; aunque esto dé para un
Réquiem, desde luego, no caeremos en las lamentaciones por muy
desesperanzados que estemos (que no lo estamos en Madrid, al contrario).
Animémonos y luchemos
firmes como el árbol junto al río, con optimismo y con energías renovadas tras nuestras "demasiado largas" vacaciones (pero qué mala es la envidia) sin olvidarnos de mirar siempre
el lado luminoso de la vida.